¿Nos salvamos… o no tanto?

Bitácora del director

Pascal Beltrán del Río

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| 03 Abr 2025 - 09:18hrs

El anuncio del presidente estadunidense Donald Trump sobre aranceles –ayer, en el llamado “Día de la Liberación”– no fue tan malo para México como se podía esperar, pero tampoco tan bueno.


Es cierto, México no fue incluido en la lista de los países y regiones a los que Trump aplicará un arancel compensatorio mínimo de 10%, y que incluye a China, con 34%; Vietnam, con 46%, y la Unión Europea, con 20 por ciento. Ésa es una buena noticia, porque el mandatario había amenazado con considerar el IVA –que México cobra–, como una barrera no arancelaria.


También se mantiene la exención de aranceles para las exportaciones mexicanas (y canadienses) realizadas en el marco del T-MEC. Eso es una bueno, pues hace dos meses Trump amenazó a los socios comerciales de Estados Unidos con aplicarles un arancel general de 25% bajo el pretexto de que México y Canadá no estaban cooperando en la lucha contra el tráfico de drogas (principalmente fentanilo) y la migración indocumentada. En dos ocasiones, la aplicación del arancel fue pospuesta; ahora, parece que se suspende de forma definitiva.


Librados esos peligros, las cosas se complican. Siguen vigentes los aranceles al acero, al aluminio y a los vehículos automotores. El tercero afecta especialmente a México, pues las exportaciones de autos (sin incluir autopartes) significan casi 10% de lo que les vendemos.


Con base en la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial (de 1962), y por razones de seguridad nacional (sic), Estados Unidos gravará con 25% el contenido no estadunidense de los vehículos fabricados en México y Canadá. Dentro de un mes, agregará un arancel a las autopartes, con el mismo criterio, una vez que la autoridad aduanera de ese país ponga en marcha un sistema para aplicarlo.


Además, la orden ejecutiva expedida ayer por Trump determina que las exportaciones mexicanas y canadienses que no se realizan en el marco del T-MEC –cerca de la mitad de ellas, en el caso de México– tendrán un arancel de 25% en tanto duren las restricciones impuestas por la aplicación de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia (de 1977) para asegurar que México y Canadá cooperen con Estados Unidos para frenar el tráfico de fentanilo. Una vez que esas restricciones sean levantadas, ese arancel se reducirá a 12%, pero seguirá siendo más alto que el que se cobra a otros países.


Por lo pronto, otras amenazas comerciales específicas anunciadas por Trump en febrero y marzo no serán aplicadas en el caso de México, como aquellas a los productos agrícolas.


En el balance, nuestro país no parece haber salido tan mal librado como se predecía. ¿Fue por un favor especial? No parece ser el caso, pues México y Canadá negociaron de forma muy distinta frente a la amenaza de los aranceles y obtuvieron el mismo resultado. Canadá amenazó con imponer aranceles recíprocos a Estados Unidos. En el caso de México, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que no creía en “el ojo por ojo y diente por diente”. Lo que parece haber ocurrido es que Trump se convenció, o lo convencieron, de que acabar con el T-MEC –un tratado impulsado por él para reemplazar al TLCAN– sería malo para Estados Unidos (aunque haya decidido violarlo en acero, aluminio y autos).


Puede decirse, en conclusión, que parte de la incertidumbre que hasta ayer enfrentaba la economía mexicana se ha disipado (por ahora). Pero queda otra, y ésa sí depende de nosotros.


Se trata de un conjunto de males, generados en casa, que amenazan la inversión. Entre ellos, la inseguridad (homicidios, secuestros, extorsiones, robo de mercancías y otras expresiones de la violencia criminal); las deficiencias en materia de energía (generación y distribución de electricidad) e infraestructura (carreteras, puertos y aeropuertos); la insuficiente vinculación del sector educativo con el mercado laboral, y la falta de certeza jurídica, representada principalmente por la reforma judicial.


A menos de que el impredecible Trump vuelva a las andadas, las razones por las que nuestro país tendrá que conformarse, nuevamente, con un raquítico crecimiento serán hechas en México.

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