¿Otra crisis en puerta?

Bitácora del director

Pascal Beltrán del Río

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| 31 Mar 2025 - 10:14hrs

El último medio siglo de la historia mexicana ha estado marcado por las crisis económicas.


La primera de ellas ocurrió a finales del sexenio de Luis Echeverría (1970-1976), cuando el gobierno federal recurrió al financiamiento inflacionario y el endeudamiento externo para mantener el alto gasto público, hasta que esto se volvió insostenible y el peso se devaluó frente al dólar por primera vez en 22 años. La segunda estalló en 1982, en las postrimerías del periodo de José López Portillo, quien, aupado por el descubrimiento de grandes reservas de petróleo, reincidió en la idea de que se pueden imprimir billetes y pedir dinero prestado para pavimentar el camino al desarrollo.


 


Esa crisis hizo que el tipo de cambio rebasara por primera vez los 100 pesos por dólar, en enero de 1983, y llegara a más de 2 mil a finales del sexenio de Miguel de la Madrid, que alcanzó un pico de inflación de 159.17 por ciento en 1987.


Aún recuerdo, de esos tiempos, cómo los establecimientos comerciales debían reetiquetar constantemente los productos, y cómo subían los salarios, en una carrera dispareja con el aumento de los precios, al punto de que, decía la ironía popular, el gobierno nos había convertido a todos en millonarios.


Para 1993, la inflación había retrocedido hasta un solo dígito, pero el alivio sólo sería temporal, pues el periodo de Carlos Salinas de Gortari fue coronado por el llamado “error de diciembre” de 1994. La moneda mexicana volvió a depreciarse, llegando a 7.69 por dólar (es decir, casi 8 mil pesos de los viejos) a finales de 1995, y la inflación escaló de nuevo, llegando a 52% ese año.


El cambio de gobierno en 2000, el primero que vio el ascenso al poder de un partido distinto del PRI en casi 80 años, fue también el primero en cuatro sexenios que no estuvo acompañado por una crisis económica. Sin embargo, a finales de 2007, México sería alcanzado por el desplome de las hipotecas subprime en EU, que envió ondas de choque a todo el mundo, y provocó en nuestro país la peor contracción desde la Gran Depresión, con una caída del PIB de 6.3% en 2009.


Nuevamente, México salió del hoyo en el que se había metido. Al año siguiente, la economía rebotó 5%, y parecía que no volveríamos a ver una crisis. Pero en 2018 llegó el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la tercera alternancia en la Presidencia en lo que iba del siglo, y el agresivo discurso del tabasqueño contra la inversión privada y la cancelación del nuevo aeropuerto en Texcoco causaron un descenso del PIB de 0.4% en 2019.


La reedición de las políticas estatistas y populistas que el país había conocido en los años 70 dejaron a México mal parado para enfrentar la crisis mundial provocada por la pandemia de covid y, así, se impuso un nuevo récord de desplome económico, con 8.4% negativo en 2020. López Obrador, quien en campaña había criticado el crecimiento de 2% anual promedio de los “gobiernos neoliberales”, terminó su periodo con uno que se quedó por debajo de 1 por ciento. Asimismo, entregó a su sucesora unas finanzas públicas altamente endeudadas y compromisos fiscales difíciles de cumplir, por lo que el actual sexenio arrancó con severas restricciones de gasto.


Pero, como dice el dicho popular, ya éramos muchos y parió la abuela: Donald Trump regresó por segunda vez a la Casa Blanca, y ha venido atentando contra el libre comercio –el instrumento que permitió a México alcanzar una relativa estabilidad y exorcizar por un buen tiempo las crisis económicas–, al punto de colocarnos cerca de un escenario de recesión, de acuerdo con las previsiones de bancos y casas de análisis.


Mañana, cuando la Secretaría de Hacienda entregue al Congreso sus Precriterios Generales de Política Económica para 2026, conoceremos el plan de acción que propone el gobierno para hacer frente a la nueva crisis que se asoma en el horizonte, y a la que han contribuido factores internos como la reforma judicial.


Ojalá que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum considere el daño que han provocado en el último medio siglo las políticas que reparten la riqueza antes de crearla –particularmente, todas sus consecuencias sociales– y revierta el curso con ideas que no ahuyenten la inversión.

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