![]() | EXPRESIÓN LIBREFlor de Rocío Arrieta Méndez |
| 09 Ago 2024 - 20:49hrs
La evolución de la democracia en nuestro país inició a finales del siglo pasado y fue consecuencia de los cambios que a nivel mundial acontecían y que sucedieron con una velocidad impresionante en aspectos sociales y políticos. Siempre se criticó a nivel mundial que México tenía un retroceso democrático que se acercaba más al tercer mundo que a la vanguardia mundial. Fue por eso la inclusión en el espectro político de los llamados “pluris” fue un inicio.
Fue en 1977 que se promueve una reforma electoral por iniciativa de Jesús Reyes Heroles, secretario de gobernación en el sexenio de José López Portillo, donde se da entrada a la figura de los legisladores plurinominales. Estos se crearon con la intención de que todas las corrientes políticas de ese entonces tuvieran parte y representación en el Congreso de la Unión, esto con independencia de que sus candidatos postulados hayan perdido su elección. Por esta razón en sus inicios a esos pluris les denominaron diputados de partido.
Si bien es cierto que la fórmula para asignar los diputados plurinominales que le corresponden después de una elección a cada partido es “complicada”, la realidad es que simple y sencillamente se asignan proporcionalmente al número de votos que obtuvo de manera general el partido político en la elección de mérito. Entre más votos haya obtenido un partido pues más curules le corresponden.
Sin embargo existen reglas claras y precisas que impiden la llamada “sobrerepresentación”, esto con el fin de limitar al partido mayoritario para que imponga su voluntad de forma arbitraria y con la facilidad obvia en razón de que puede llegar a tener una bancada totalmente a favor.
Actualmente, y derivado del reciente proceso electoral 2024, el dilema que se avecina y la discusión se centran en el número de diputados plurinominales que le corresponden en total a Morena y sus aliados. Pero no debe haber ni siquiera confusión, es claro que el árbitro electoral debe proceder como lo ha hecho en las últimas elecciones. Aquí el problema surge porque las corrientes morenistas están presionando al Instituto Nacional Electoral para que ceda a su pretensión de asignarles el mayor número de diputados posibles para que entre todos sumen sus votos y en el Congreso de la Unión aprueben las reformas lapidarias que están en puerta y que son una obsesión de López Obrador para terminar de hundir al país. Esto no podemos permitirlo.
Los ciudadanos hacemos un respetuoso pero enérgico llamado al INE a no ceder ni dejarse manipular. Tienen la oportunidad histórica de demostrar a los mexicanos que siguen siendo un organismo autónomo y sin ataduras. El INE fue la otra evolución democrática que surgió a finales del siglo pasado y desde su creación ha dado muestra de imparcialidad y credibilidad en razón de su evidente ciudadanización.
En ese tiempo era imperativo que el árbitro electoral estuviera blindado de la intromisión oficial del gobierno. Si lamentablemente llegara a sucumbir a las presiones de la mal llamada 4T, los mexicanos tenemos la esperanza de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación hará lo correcto por el bien de los mexicanos.