![]() | EXPRESIÓN LIBREFlor de Rocío Arrieta Méndez |
| 29 May 2024 - 15:14hrs
Al menos en los últimos 25 años, los mexicanos hemos sido partícipes y testigos de la evolución que ha tenido la democracia en nuestro país. Recuerdo claramente el momento en que Ernesto Zedillo le coloca la banda presidencia al opositor y vencedor indiscutible en ese momento: Vicente Fox. Fue algo inimaginable y era resultado de que los ciudadanos empezábamos a dar muestra de madurez política y elegíamos libremente en las urnas a la opción que más nos representara.
Fue así que vinieron elecciones marcadas por la alternancia, tanto a nivel federal como local. Se pasó de Calderón a Peña Nieto y luego a López Obrador. En el estado de Veracruz el cambio se dio del PRI al PAN para ceder así actualmente a Morena. Es innegable afirmar que estas transiciones tuvieron un fuerte sustento emocional por parte de los ciudadanos, quienes acudieron a las urnas con la firme convicción de lograr un cambio, de mejorar su situación social y económica. La tendencia fue pues la esperanza de un mejor Veracruz. Craso error se cometió hace seis años.
El efecto Obradorista impactó de tal manera a Veracruz que prácticamente podía haber ganado cualquier persona que en su momento fuera postulada por Morena, sin importar su formación política, académica, trayectoria, experiencia; en pocas palabras el único requisito indispensable era “respirar” para ganar. No obstante, después de esa última elección, más de 30 millones de mexicanos albergaban la ilusión de un mejor país, de un mejor Veracruz. Ese anhelo se resquebrajó casi inmediatamente. Exponencialmente crecieron niveles de inseguridad y desempleo; se aniquilaron programas torales que beneficiaban a madres solteras, estudiantes de tiempo completo, enfermos con cáncer, entre otros. En Veracruz la improvisación de servidores públicos y el nepotismo imperaba en todas las dependencias de gobierno. Jugaban a ser servidores públicos y se imponían los favoritismos y tráfico de influencias en todas las áreas. Todo como consecuencia de que el gobernador desconocía totalmente donde estaba sentado, ignoraba el funcionamiento de la administración pública y siempre fue incapaz de controlar la extrema y desmedida ambición personal de sus más allegados colaboradores y familiares. Por ese caos administrativo su sexenio ha sido calificado como el peor desde que Veracruz es un estado libre y soberano.
El próximo domingo 2 de junio los veracruzanos tenemos la oportunidad y obligación de romper abruptamente y de tajo con esa tendencia criminal que caracteriza al actual gobierno y a Morena. Hemos visto con documentos probatorios el insultante enriquecimiento ilícito de la zacatecana. Está plagada de corrupción que beneficia a su círculo de colaboradores más cercano incluyendo familiares. Su quehacer público está caracterizado por la opacidad. Afortunadamente tenemos una alternativa de solución. Tenemos en la persona de Pepe Yunes a un veracruzano ejemplar que cuenta con una formación académica de excelencia. Su trayectoria política y desempeño en los ámbitos legislativo, estatal y municipal cuenta con una solidez única, revestida de integridad, rectitud y con resultados positivos palpables y visibles.
Pepe Yunes es un hombre que se ha preparado toda su vida para ser gobernador y él mismo tiene la certeza y seguridad de que será el mejor. En este andar por Veracruz ha tenido la habilidad y frialdad de rodearse de los mejores hombres y mujeres (políticos, administradores, intelectuales, líderes de opinión) con capacidad y experiencia probada, pero sobre todo con el compromiso firme de rendir cuentas claras y resultados a todos y cada uno de los veracruzanos. Todos dispuestos a recuperar la grandeza que siempre nos ha caracterizado. No dejemos que el desdén y desazón nos arrastre a la apatía electoral. Todos debemos salir a votar por un cambio, pero no nada más por cambiar, sino cambiar por la mejor opción, por una opción probada, honrada, experimentada y consolidada. Por lo anterior y sin duda, nuestro próximo gobernador será Pepe Yunes.