Daño irreparable (I)

Bitácora del director

Pascal Beltrán del Río

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| 15 Abr 2024 - 09:53hrs

La intervención del presidente Vicente Fox en la campaña electoral de 2006 fue la principal queja del entonces candidato Andrés Manuel López Obrador. De que Fox intervino en aquel proceso no cabe duda. A principios de 2006, el mandatario lanzó una campaña de promocionales para presumir los logros de su gobierno y que recomendaba “seguir por el mismo camino” para que “mañana México sea mejor que ayer”.


Con base en dicha injerencia, López Obrador pidió la nulidad de la elección, esperanzado en que las autoridades electorales le concedieran la razón, como cuando fueron impugnados los comicios para gobernador de Tabasco en 2000 por la intervención del mandatario, Roberto Madrazo.


Al calificar los comicios de 2006, el TEPJF encontró que las expresiones del presidente Fox fueron la mayor irregularidad que se dio. La magistrada Alfonsina Berta Navarro afirmó entonces lo siguiente: “Recordemos que (Fox) llegó a hacer comentarios indirectos o metafóricos que incidían sobre las posiciones políticas que competían en la elección e incluso menciones expresas relacionadas con el proceso”.


Sin embargo, el órgano no consideró que dicha intervención fuese motivo suficiente para anular la elección, principalmente porque no había entonces reglas que normaran el comportamiento de los servidores públicos. Relevante como fue, dicha injerencia palidece frente a la que realiza todos los días el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador, misma que rompe con las reglas que fueron introducidas en la Reforma Electoral de 2007 para atender las quejas que entonces planteó el PRD –el partido en el que militaba el tabasqueño– y que terminaron, además, con el relevo de los consejeros electorales que condujeron el proceso del año anterior.


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La semana pasada, en sesión extraordinaria del Consejo General del INE —convocada para examinar la petición de la candidata opositora Xóchitl Gálvez para que se cancelen las conferencias mañaneras de López Obrador—, el representante perredista Guadalupe Acosta Naranjo recordó que dichos cambios legislativos fueron platicados directamente con López Obrador, quien hizo peticiones que los negociadores perredistas creyeron que no serían aceptadas por el PRI, el PAN y el gobierno de Felipe Calderón, pero que al final quedaron inscritas en los artículos 41 y 134 de la Constitución.


Acosta Naranjo, quien en aquel momento era secretario general del PRD, fue parte de la mesa que sesionó todos los miércoles, durante una parte de 2007, en la Torre del Caballito, que funcionaba entonces como oficina de los senadores y donde se pactaron los términos de la Reforma Electoral. Otros participantes fueron los perredistas Arturo Núñez y Juan Guerra; los panistas Ricardo García Cervantes y Héctor Larios, y los priistas Jesús Murillo Karam yFelipe Solís Acero.


Durante la sesión del Consejo General del INE, Acosta Naranjo se dijo dispuesto a someterse a un detector de mentiras para fundamentar su versión de que López Obrador estuvo enterado de la negociación y la convalidó.


El hoy Presidente de la República hace caso omiso a aquellos compromisos que hoy están en la Constitución. A lo largo de los 220 días que lleva el proceso, las autoridades electorales lo han reconvenido unas 60 veces –dos por semana, en promedio–, pero las amonestaciones han sido tan tardías que para cuando han llegado, el mandatario ya ha violado varias veces más la Constitución y con ello ha causado un daño irreparable a las elecciones. Ayer, en su cuenta de X, Luis Carlos Ugalde, el presidente consejero del IFE en 2006, alegó que ese método para frenar la injerencia del Presidente “ya probó que es inútil”, como lo corrobora el hecho de que la orden para bajar de los archivos oficiales el contenido de la conferencia mañanera del 5 de febrero –en la que López Obrador dio a conocer las iniciativas de reforma constitucional que enviaría al Congreso– llegó ¡dos meses después!


Al argumentar que las autoridades del INE y el TEPJF debieran ser más proactivas, Ugalde recordó el acuerdo que el IFE firmó con los partidos, el 19 de febrero de 2006, y que logró frenar casi por completo la propaganda de Fox y los gobernadores.


De eso hablaremos mañana.

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