Previo al día D

Tinta y tinte de una mujer

Valeria Aime Tannos Díaz

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| 04 Mar 2025 - 10:10hrs

Llegamos otra vez al mes de marzo; el mes en el que las calles se pintan de morado y las redes sociales se inundan con historias de mujeres que han pasado cosas traumáticas, el mes en el que la lucha se hace más visible y en el que el día 08 de marzo dejó de celebrarse y empezó a conmemorarse. Las oficinas se llenan de morado y las personas salen a dar su opinión respecto a la protesta que encabeza el día internacional de la mujer.


Este año yo tenía planes para lo que haría ese día, ideas respecto a lo que escribiría en mi pancarta, pensaba en la hora a la que me encontraría con mis amigas y en el lugar donde nos veríamos. Pensaba llevar mi lucha y mi protesta al siguiente nivel y hacerlo en grande. Quería que este año fuera especial.


Y lo digo en pasado porque hoy, frente a la computadora me doy cuenta del cansancio que siento al estar cerca de esa fecha que personalmente espero todo el año. No se trata de un cansancio físico (aunque a veces sí lo es) pero se trata del cansancio emocional, de pensar en todo lo que conlleva estar en esta lucha.


Y eso no significa que este año haya perdido esa parte feminista y luchadora que me ha caracterizado en mi día a día, pues reconozco que más que nunca tengo mis creencias fuertes y las defiendo a capa y espada, Es solo que llevar a cabo esa lucha todos los días del año provoca que ahora, al llegar marzo y todo lo que representa, me sienta abrumada.


Jamás he perdido la fe en lo que hago y en lo que creo, jamás he flaqueado en las ideas que tengo y en cómo he llevado mi vida, y es justo eso lo que, día con día, me hace sentirme abrumada. De pronto estoy revisando redes sociales o las noticias y veo caso tras caso de violencia, de feminicidios, de mujeres que viven violencia doméstica, de otras mujeres que terminan presas injustamente, de mujeres desaparecidas.


Entonces me meto a investigar a las páginas gubernamentales oficiales y me doy cuenta de que la Fiscalía General del Estado de Veracruz registró un aumento en los casos de feminicidios de 2024 a la fecha. De igual manera el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública registró 283 homicidios de mujeres en Veracruz.


En el tema de violencia doméstica se registraron 8,000 denuncias en el Estado. Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas en un lapso de ocho meses en 2024, Veracruz registró 284 casos de mujeres desaparecidas y en total se registraron 522 reportes de los cuales más de la mitad correspondían a niñas y adolescentes menores de edad y de ellas 317 fueron localizadas con vida.


Los datos cada año se vuelven más alarmantes y la lucha también crece, pero yo me pregunto ¿Hasta cuándo seguirá pasando esto? ¿En algún momento se detendrá? ¿Vale la pena todo el esfuerzo? Mi voz activista me dice todos los días que vale la pena y que no puedo dejar de luchar, pero la otra parte de mí, la mujer que muchas veces vive con miedo no me sabe responder con exactitud.


Empiezo a creer que hacer esto es muy agotador, pero después lo medito un poco más y me digo a mí misma que de eso se trata. Yo estoy segura de que había días en los que Elvira Carrillo Puerto, Hermila Galindo, Amalia González Caballero o Refugio “Cuca” García se sentían agotadas en su lucha diaria por conseguir el voto de la mujer, pero aun con ese desgaste diario, jamás dejaron de protestar.


Quiero pensar que lo mismo pasaba con las mujeres revolucionarias como La Güera Rodríguez, Sofía Villa, Juana Amalia García, Francisca Flores, Carmen Serdán o Juana Belén Gutiérrez de Mendoza. Seguramente ellas estaban todavía más cansadas de la lucha porque les tocó pelear más fuerte que a nosotras y gracias a ellas hoy nosotras también tenemos libertades y derechos.


Y en una época más actual y en las condiciones en las que ahora las mujeres también nos desenvolvemos, pienso en todas las leyes que se han creado en los últimos años y que nos han defendido a todas nosotras; pienso en la Ley Ingrid, en la Ley Olimpia, la Ley Malena, la Ley Monse, la Ley 3 de 3, la Ley Sabina, la Ley Alina y que ellas tampoco dejaron la lucha.


Aquellas mujeres que también están al pie del cañón y que han logrado despenalizar el aborto en más estados del país seguramente han pensado en dejar la lucha o se han sentido abrumadas a consecuencia de tantas situaciones que han tenido que ver y vivir por estar tan inmersas en estos temas.


Las mujeres que no llevan esta lucha de la misma manera que aquellas que han impulsado leyes y libertades, viven también una lucha diaria con todo lo que las rodea y es impresionante que, con todo ese agotamiento y ese estrés emocional, deciden salir el 08 de marzo a protestar y a unirse todas juntas para sentir el apoyo y empatía como si todas fuéramos una sola.


Ya estamos a unos días de que las calles se cierren y las pancartas moradas o verdes se alcen mirando hacia el cielo, y no es momento de salir a dar una opinión de por qué no estás de acuerdo con que se rayen monumentos o se rompan puertas y cristales de las fiscalías. Lo que importa hoy es empatizar con nosotras y con las historias que todas tenemos que contar.


No te quejes por un monumento que se construyó hace cientos de años, posiblemente a base de violaciones a derechos humanos. Mejor quéjate por las mujeres que no llegaron a su casa, por las madres que perdieron a sus hijos, por los hijos que no volvieron a ver a sus madres. Porque, a pesar del cansancio de la lucha, ninguna de nosotras ha parado. Y para ti, lector, que quieres quejarte de que “destruimos” las calles, mejor aliéntanos a seguir luchando por nuestras vidas.

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