![]() | ArtículoUlises Ernesto Ruíz Ortíz |
| 01 Feb 2023 - 12:33hrs
La convocatoria para marchar por segunda vez el próximo 26 de febrero en defensa de nuestra democracia, vuelve a poner en evidencia el enorme miedo de AMLO a perder las elecciones en el 2024.
Ante el anuncio de la concentración ciudadana, el presidente ordena a sus colaboradores volver a utilizar todas las herramientas a su alcance, empezando por los recursos públicos, desde luego, para tratar de opacar la movilización ciudadana. Llama a conmemorar la expropiación petrolera, porque se le acomoda la fecha. De no haber encontrado ese pretexto igual pudo haber sido el día del amor y la amistad o el cumpleaños de algún familiar. Todo antes que permitir que la gente le gane un pulso que solo él imagina y que ve como una amenaza para su “proyecto”.
La organización ciudadana en torno a la defensa del INE no le agrada al mesías, “¡ya chole!”, escupe desde Palacio Nacional. Pero no le preocupa el INE, eso lo arregla desde el Congreso. Le duele el ego y la posibilidad de que se construya a partir de la defensa del encargado de las elecciones, la unidad de quienes diferimos de su forma de hacer y de pensar.
Para sus adentros el mesías pensará: ¡Como se atreven a marchar en contra de la voluntad del pueblo!, ese ente que habita en su imaginación, ese al que dice representar y que justifica todas las ocurrencias que ha puesto en marcha desde que fue electo gracias a las instituciones que hoy desprecia.
El disgusto presidencial ante las evidentes muestras de su declive debe animar con más ímpetu la asistencia a la libre manifestación cívica por detener el deterioro legal e institucional de este gobierno.
No importa que el hábil secretario de gobierno de la Ciudad de México, el ilustre matemático Martí Batres, diga después que solo se reunieron dos o tres mil manifestantes, la mayoría conservadores y opositores al régimen mientras que millones de simpatizantes de MORENA llenaron el zócalo capitalino para recordar la heroica gesta de Lázaro Cárdenas nacionalizando el petróleo, allá por el año de 1938.
No importa. Los que asistimos el 13 de noviembre a la primera marcha sabemos que sumamos cientos de miles de mexicanos, movidos únicamente por la voluntad de expresar nuestro descontento por la intentona de destruir una de las mejores instancias electorales del mundo y los millones que marcharemos en todos los estados de la república mostraremos de nueva cuenta que es posible, sin acarreos y sin presiones de los servidores de la traición, llenar las calles y las plazas para hacer ver la magnitud del descontento.
Ojalá los alitos y los markos entiendan que no es un asunto de partidos sino de ciudadanos y eviten su asistencia que solo desprestigia y desalienta al movimiento y ojalá sea la segunda de varias movilizaciones de aquí hasta cuando terminemos con la pesadilla del émulo de dictador bananero que resultó AMLO.
¡Que lejos quedó aquél tabasqueño humilde y dicharachero del hoy presidente borracho de poder y lleno de soberbia! Pero no olvidemos que, así como la molestia ciudadana con el PRIAN lo llevó al poder, el descontento por la falta de resultados, por el contubernio con el crimen organizado y por la corrupción de sus familiares y protegidos lo habrá de sacar a patadas de Palacio en el ya muy cercano 2024. ¡Ya chole con AMLO!