![]() | ArtículoUlises Ernesto Ruíz Ortíz |
| 18 Ene 2023 - 09:47hrs
No, no me voy a referir la nueva normalidad post COVID, sino a la que estamos viviendo con el gobierno de AMLO, que nos ha estado imponiendo desde sus mañaneras y que no podemos permitir quienes no caemos en las trampas del mentiroso y populista presidente que hoy ostenta el poder.
En sociología el concepto de normalización se utiliza ligado a pautas que llevan a la sociedad a considerar normales comportamientos que antes resultaban cuestionables.
El bloguero Incansable Aspersor en su artículo: El lado oscuro de la normalización social (https://incansableaspersor.wordpress.com/2020/05/17/el-lado-oscuro-de-la-
normalizacion-social/), en un párrafo perfectamente aplicable a lo que sucede en México, señala “No descubro nada nuevo si afirmo que padecemos el síndrome de la rana hervida, fenómeno social que describe cómo las personas vamos aceptando situaciones cada vez más degradantes siempre que esas condiciones vayan introduciéndose de modo gradual”. Se dice que una rana sumergida en una olla con agua que se calienta lentamente, gracias a su capacidad de regular su propia temperatura, no se da cuenta hasta que es demasiado tarde y muere hervida.
Así, desde el inicio del gobierno, AMLO ha venido normalizando desde sus mañaneras diversas conductas como el cambio en la política energética acusando a quienes invirtieron en energías limpias de bribones; justificando el nepotismo de su gobierno bajo la premisa de que “son distintos” o la evidente corrupción de Bartlett y Eréndira porque “los otros robaban más”. Tantas veces lo repite que estas prácticas se vuelven aceptables.
Hoy el caso de la ministra Esquivel muestra una vez más el interés de AMLO por normalizar las malas conductas. Con tal de no perder un asiento en la Suprema Corte de Justicia totalmente leal a la 4T sobre el apego al que la obliga su cargo a las leyes del país, la justifica con aquello de que quienes la atacan “robaron”, como si el plagio de una tesis fuera un juego de niños sin consecuencias.
En este caso el mensaje es el de una nueva ética en la que no importan los medios sino el fin. Qué más da destruir la selva Maya si se cumple el capricho presidencial del Tren o lo que se despilfarre de recursos públicos para terminar un proyecto como el NAICM si esa es la determinación del presidente.
Federico Berrueto define magistralmente a AMLO al llamarlo como “un presidente más próximo a la religiosidad que a la política” y yo añadiría ausente de la realidad. Gracias a AMLO hoy las muertes por el crimen organizado ya no nos alarman; los fallecimientos por el COVID tampoco; los accidentes en el metro menos; los desaparecidos no hacen mella en nuestro ánimo, la falta de medicamentos no es grave. Todo es normal.
Que Bartlett tenga un montón de propiedades, normal; que Eréndira y su marido también, normal; que Andy conduzca buena parte del gobierno o que Juan Ramón haga negocios con el dinero del país, normal; que servidores públicos se promuevan con recursos también públicos, normal. La normalización como degradación, en definitiva.
Nuestra sociedad presenta el síndrome de la rana hervida, pero no debemos aceptarlo sin hacer cada quien lo suyo. Existe cura: la organización social entre los que no estamos de acuerdo con conductas que pervierten y aniquilan la convivencia pacífica y ordenada entre conciudadanos; la crítica y la acción para recordar y exaltar los valores que permitieron durante tantos años avanzar hacia el progreso y el análisis colectivo de lo que hay que hacer para vencer el odio que ha sembrado AMLO entre nuestros hermanos.
El próximo año puede marcar la diferencia entre la ruta del desastre económico y moral de México y el rescate de nuestros valores y la aplicación de políticas públicas eficaces para acabar con los males de nuestro tiempo: la inseguridad, la violencia, la pobreza, la desigualdad y lograr la unidad que tanto necesitamos para crecer en armonía.
La oposición debe mostrar que quiere hacer realidad estos propósitos incluyendo a todos quienes hemos expresado nuestra intención de dirigir el esfuerzo de los mexicanos con un método de selección democrático e incluyente. Hasta hoy no se ve esa intención, así que seguiré buscando la vía independiente.